¿Qué pasa, si un político, que como candidato a alcalde había prometido enterrar bajo tierra la autovía M 30 de 8 carriles que rodea Madrid a lo largo del Río Manzanares, gana las elecciones y empieza a realizar de inmediato su promesa al margen de cualquier procedimiento de planificación urbana habitual?
Parece lógico que los planes del nuevo alcalde, un político conservador y neoliberal, hayan despertado recelo y mucha oposición entre los profesionales de Arquitectura y Urbanismo, que sin ser consultados ni informados desconfiaban del verdadero propósito de semejante obra faraónica.