Cajas negras, sea aquí, en Bélgica o cualquier otro sitio. Su vocabulario arquitectónico es reconocible, aplicable en todo el mundo. El acercamiento al lugar no se realiza a través de la pátina de la superficie, de la atmósfera de lo material, sino mediante el análisis de la tipología, la topografía, las funciones, la calidad espacial y la historia existentes.
Se trata de formas, espacios, luces y sombras, de la «promenade architecturale». Richard Serra se nos viene a la mente. Del mismo modo que él, se posicionan, provocan debate por la radicalidad de sus ideas. Uno se topa con el muro y se detiene, sorprendido. «Nunca lo había visto de esta manera», pensarán unos, mientras otros preferirán demolerlo de inmediato. Sus obras no dejan a nadie indiferente.
Pese a su predilección por lo nítido y analítico, consiguen mantener la complejidad. La biblioteca Sant Antoni-Joan Oller, insertada en una manzana preexistente del Ensanche barcelonés, al mismo tiempo es grieta y unión. El espacio exterior Teatro La Lira en Ripoll es al mismo tiempo pasarela y lugar de permanencia, casa y corredor. Probablemente este enfoque de “complejidad y contradicción“, tal y como señalaba Robert Venturi, es el que aporta la fuerza poética a su arquitectura. La primera impresión es engañosa.